Un prohète
Un prophète | Francia, Italia 2026 | Canal+, 8x52’ ★★★★☆
Creada por Abdel Raouf Dafri, Nicolas Peufaillit
Dirigida por Enrico Maria Artale
Tener un referente tan sólido como la película considerada como una obra maestra Un profeta (Jacques Audiard, 2009), ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes y nueve premios César, y aclamada como un thriller que transformó la manera de acercarse al género en su país, puede ser tan positivo como negativo. La comparación surge como el primer impulso, pero cuando pasan pocos minutos del primer episodio sabemos que el planteamiento es distanciarse de la película para construir un universo nuevo, en primer lugar transcurriendo en la actualidad para reflejar un retrato de la violencia y el racismo, y en segundo lugar transformando los personajes de manera radical. Los dos autores del guión original de la película, Abdel Raouf Dafri (1964, Francia) y Nicolas Peufaillit, han sido los encargados de reescribir una historia de la que no estaban convencidos hasta que el productor Marco Cherqui les puso el ejemplo de Fargo (Movistar Plus+, 2014-2024) como el tipo de adaptación que se puede hacer de una película de culto, sin perder la esencia pero creando su propia identidad. De manera que el acercamiento a la historia se produce a través de un cambio profundo sobre la estructura cronológica original, pero con la intención de reflejar la Francia contemporánea. Así, Malik El Djebenna (Mamadou Sidibé) ya no es un norteafricano árabe como en la película, que supuso el descubrimiento del actor Tahar Rahim, sino un joven negro procedente de Mayotte, un archipiélago francés cercano a Mozambique, y su entorno ya no es el de la mafia corsa, sino el de una poderosa familia árabe que representa la criminalidad de guante blanco relacionada con la especulación inmobiliaria que utiliza la corrupción política.
La acción transcurre en Marsella como una metáfora de su condición multiétnica y fracturada, y la serie también comienza de una manera metafórica, con el derrumbe de un edificio al que sobrevive Malik, para ser detenido inmediatamente por su colaboración con el tráfico de drogas como “mula”. El microcosmos de la cárcel se convierte en un entorno peligroso en el que el joven huérfano cuya vida se ha desplomado, debe empezar de nuevo rodeado de las amenazas habituales a las que se enfrenta un joven silencioso y tímido. Como en la película, Malik irá encontrando diferentes protectores a lo largo de su crecimiento, el primero de ellos Rony Lahoud (Moussa Maaskri), un preso de larga condena por asesinato que ejerce como responsable de la biblioteca de la prisión de Baumettes (Marsella), y que acepta acoger a Malik como ayudante, a cambio de una reducción de condena. Rony es un hombre tranquilo pero respetado, que ha aceptado la religión como una forma de redención frente a sus pecados pretéritos, pero su relación pasada con el poderoso Massoud Djebbari (Sami Bouajila) regresa cuando éste es encarcelado. Dueño del edificio que se derrumbó, ha aceptado una condena para apaciguar el escándalo, a condición de asegurarse la firma de un permiso de construcción prometido por la corrupta concejala de urbanismo Sandrine Obadia (Guilaine Londez). El empresario argelino que hizo fortuna gracias a sus contactos con el ayuntamiento de Marsella se convierte en el líder de la prisión, pero también recibe la amenaza de un chantaje que podría exponer su homosexualidad. A diferencia del personaje irascible y violento que representó el gran actor Niels Arestrup en la película, Sami Bouajila ofrece un perfil distinto, un criminal que sugiere más que ordena, pero al que todos respetan.
La serie se distancia de la película de Jacques Audiard, pero sin renunciar a sus conexiones con ella, aportando un carácter onírico y reflexivo al personaje protagonista, una mezcla de sensibilidad humana en medio de la brutalidad del entorno social.
Un prophète (Canal +, 2026) contiene una mirada más atmosférica, y aunque no rehúye la violencia, la expone de una manera menos cruda, envolviendo el carácter de Malik en una especie de tono reflexivo. Sobre todo en los primeros episodios a través de los pasajes de algunos de los libros que descubre en la biblioteca de la cárcel, desde El extranjero (1942, Ed. Random House), de Albert Camus, hasta Papá Goriot (1935, Ed. Espasa Libros), de Honoré de Balzac, pasando por el más obvio El Conde de Montecristo (1844, Ed. Salvat), de Alejandro Dumas. Otro de sus protectores acaba siendo el joven de origen italiano Selim Renzetti (Mathieu Lucci), que también está encarcelado por tráfico de drogas, y comienza un negocio de trapicheos dentro de la cárcel aprovechando el reparto de libros que realiza Malik entre los presos. Él acaba introduciéndole en el submundo del narcotráfico en Marsella cuando sale en libertad condicional, presentándole a Brahim Lattrache (Faued Nabba), un peligroso capo cuyo negocio se ha visto afectado por el encarcelamiento de Massoud Djebbari, su principal proveedor. Donde la película de Jacques Audiard encontraba el camino hacia el thriller rotundo, a partir de la salida provisional de Malik de prisión, la serie se desequilibra en algunos aspectos, sobre todo a través de subtramas algo más convencionales que involucran a Samia Djebbari (Naïlia Harzoune), esposa de Massoud, y los hermanos de éste Bachir (Ouassini Emarek), que se ha hecho cargo del negocio mientras permanece en la cárcel, y el menor Issam (Salim Kechiouche), un joven abogado que tiene una relación secreta con Samia. El joven actor Mamadou Sidibé, surgido de un casting abierto en Francia, aporta un tono introspectivo al protagonista, habitualmente callado, pero al mismo tiempo reflejando que tiene la suficiente inteligencia como para utilizar su aparente vulnerabilidad para que los demás le subestimen, mientras él observa y aprende.
Se va construyendo así un personaje que madura progresivamente mientras su entorno se vuelve más peligroso, aunque también encuentra el equilibrio de una atracción hacia Elina (Alice Da Luz), la hija del imán Assoumi (Souef Elbadawi), quien le acoge en su mezquita cuando sale de prisión, conmovido por la petición de libertad condicional que escribió: “Mi nombre es Malik El Djebenna. Quizás si hubiera conocido el corazón de mi madre, habría sido mejor persona. Pero nunca lo sabré. No me quejo. La cárcel se ha convertido en un hogar para mi. Por eso no oculto que tengo miedo a salir“. Desde lo más bajo de la escala social, el protagonista aprende a sobrevivir en una historia de madurez que es diferente a la película sin renunciar a sus conexiones con ella, trazando en la parte final un camino de reconocimiento cuando Malik utiliza los conocimientos adquiridos sobre el entramado criminal de la familia Djebbari para sus propios intereses. El trabajo de dirección de Enrico Maria Artale (1984, Italia), responsable de series como Django (SkyShowtime, 2023) y películas destacadas como El paraíso (2023), que ganó el premio de dirección en Cinema Jove, subraya cierta tonalidad poética, introduciendo las apariciones de los fantasmas de los muertos y reproduciendo la profundidad psicológica del personaje de una manera onírica, a lo que contribuye la atmosférica banda sonora de inspiración barroca que aporta Para One, nombre artístico del autor de música electrónica Jean-Baptiste de Laubier (1979, Francia), compositor de bandas sonoras de películas como Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma, 2019). Con una apuesta arriesgada, Un prohète consigue construir una sólida narrativa que mantiene distancia respecto al original y que ofrece una mirada que mezcla la sensibilidad humana con la brutalidad del entorno social, para componer una de las mejores series francesas de este año.


