The great chimera
Η Μεγάλη Χίμαιρα | Grecia-Alemania-Italia 2026 | ERT, 6x60’ ★★★★☆
Creada por Panagiotis Iosifelis sobre la novela de M. Karagatsis
Dirigida por Vardis Marinakis
La obra de M. Karagatsis, seudónimo del escritor Dimitris Rodopoulos (1908-1960, Grecia) está considerada como una de las más importantes de la literatura griega moderna, y La gran quimera (1936) como su mejor libro, una historia ambientada en los años treinta en la isla de Siros, que describe la trayectoria de una mujer joven enfrentada a ese tipo de amor que puede provocar caos y tragedia, desde la relación con dos hermanos hasta el deseo sexual que provoca en otros hombres. Se trata del segundo libro de la trilogía denominada Aclimatación bajo Apolo, formada también por las novelas Coronel Liapkin (1933) y Jügerman (1939), y se produjo una circunstancia curiosa hace unos años. El libro volvió a convertirse en un éxito editorial en Grecia después de que en una escena de la popular serie Maestro (Netflix, 2022-2026), que estrena su cuarta y última temporada este año, su protagonista estuviera leyendo un ejemplar de La gran quimera. También se dice que es una novela difícil de adaptar al medio audiovisual, porque contiene numerosos pasajes de reflexión y ensoñación, y durante más de 30 años algunos productores griegos la han intentado trasladar al cine y la televisión, sin que los proyectos acabaran consolidándose. Ahora, estrenada en formato de miniserie, The great chimera (ERT, 2026) se ha convertido en la producción más ambiciosa de la televisión pública griega, y una de las que mayor expectación ha provocado, hasta el punto que decidieron programar su primer episodio para las 00:01 del 1 de enero en la plataforma de streaming ERTFLIX como la gran apuesta para el nuevo año, y posteriormente desde el 4 de enero en el canal lineal ERT1. Los resultados en audiencia han colmado las expectativas, porque solo en la plataforma ha alcanzado ya más de 3 millones de visualizaciones, rompiendo todos los récords históricos de las series estrenadas en este formato.
El éxito de audiencia puede resultar sorprendente porque la serie se mueve a un ritmo completamente opuesto a lo que se estrena en la actualidad: es reflexiva, comienza con una voz en off melancólica que evoca los recuerdos de la vida de la protagonista y se esmera en adoptar una estética cuidada, casi tan perfecta que puede dar la sensación de ser artificial. Pero el director Vardis Marinakis (1971, Grecia), que ya aportó ese tono onírico en su película Zizotek (2019), seleccionada en Karlovy Vary, consigue convertir estas características en una virtud, creando una atmósfera peculiar que refuerza el carácter trágico de la historia, una de esas que sabemos desde el principio que va a tener consecuencias dramáticas. La adaptación convierte a la protagonista francesa de la novela original en una joven italiana, Marina (Fotinì Peluso), que ha tomado la iniciativa de salir de la ciudad de Trieste después de la muerte de su madre Blanca (Valentina Cervi), quien decidió vender su cuerpo como trabajadora sexual para sobrevivir tras enviudar, y que llevaba a sus clientes a su propia casa. Marina es una joven hermosa que provoca deseo en otros hombres, y decide perder la virginidad con un desconocido que le ofrece dinero, pero manifestando su incapacidad para enamorarse: “Como no soy capaz de amar a los hombres, amaré a los cielos, los mares, las llanuras, las montañas“, dice en el Episodio 2 (T1E2), un flashback en el que se describe su vida antes de comenzar la relación que se presenta en el primer episodio. Una aportación notable a esta atmósfera etérea es la banda sonora compuesta por Ted Regklis (1986, Grecia), que a veces parece evocar las composiciones de Eleni Karaindrou para las películas de Theo Angelopoulos.
Encuentra en el clasicismo de su puesta en escena una contemporaneidad destacable, describiendo a la protagonista y su destino trágico desde una perspectiva actual que no trata de justificar su actos, sino de asumir sus contradicciones.
Tras salir de Trieste, Marina se embarca en el “Quimera”, una embarcación comercial capitaneada por Giannis (Andreas Konstantinou), al que acompaña hasta la isla de Siros, donde vive su adinerada familia, que la recibe con diferentes actitudes: la madre Reizena (Karyofyllia Karabeti) desconfía de que su hijo se case con una extranjera, mientras que su hermano menor, Minas (Dimitris Kitsos), un joven culto que está terminando sus estudios, provoca en Marina una mezcla de admiración y atracción. La serie está cargada de una fuerte sensualidad que se manifiesta en escenas de gran contenido erótico, lo que ha provocado algunas reticencias por parte de espectadores y cierto debate sobre si su propósito se sostiene solo en la provocación. Pero lo cierto es que esta carga de sensualidad forma parte de la historia y refuerza la personalidad de Marina, que está marcada por su propia conciencia de despertar deseo en los hombres, lo que convierte en una especie de recurso de control hacia los demás, pero al mismo tiempo representa la carga de culpa que siente respecto a la forma en que trató a su madre. La conexión más espiritual que siente Marina hacia Minas se refuerza en el Episodio 3 (T1E3), cuando Giannis y ella programan una visita a Atenas, pero él debe ausentarse por motivos profesionales. El día que pasan juntos Marina y Minas, mientras le enseña la Acrópolis por primera vez, refuerza esta relación íntima entre ellos, especialmente cuando él recita un poema del poeta Kostís Palamás (1859-1943, Grecia) que acaba cautivando a Marina. Aunque sigue enamorada de Giannis, la relación con su hermano es mucho más intelectual y espiritual que la que nunca conseguirá tener con su marido.
La serie afronta los pasajes más evocadores de la novela a través de una puesta en escena de carácter poético, un espacio vacío en el que los personajes establecen las relaciones auténticas que no se atreven a experimentar en sus vidas, lo que resulta un intento algo fallido de reproducir la profundidad psicológica de la novela. Cuando la primera tragedia ocurre en el Episodio 4 (T1E4), en el que el barco “Marina”, del que es propietario Giannis, sufre un naufragio frente a las costas españolas, la advertencia de Reizena parece una premonición: “La mala suerte nunca viene sola“. Y a partir de ese momento la vida de Marina se vuelve solitaria, ejerciendo como madre de su hija Anna mientras Giannis debe volver a embarcarse como capitán en el antiguo barco “Quimera” por las costas orientales, para recuperar el dinero perdido. The great chimera ha contado con un amplio presupuesto que ha permitido el rodaje en las localizaciones en las que se desarrolla, transmitiendo la belleza neoclásica de Siros, las texturas urbanas de Atenas y el aire melancólico de Trieste, en un contexto de entreguerras que también resalta la atmósfera de tensión cultural y política. La historia habla del sentido de pertenencia, del deseo y de la muerte, representada en una decisión importante que toma Marina durante la celebración del carnaval en la ciudad de Ermúpoli. Y a pesar de haber sido escrita hace casi un siglo, consigue adoptar una nueva perspectiva desde el filtro de la mirada contemporánea. El autor M. Karagatsis fue acusado de aportar una visión patriarcal en el retrato del deseo que rodea a la protagonista, pero en la actualidad (y en la representación de la serie), Marina no se justifica, sino que asume sus propias contradicciones, como el hecho de sentir más placer cuando se masturba que cuando tiene un encuentro sexual con un hombre, o la necesidad de buscar la pasión en desconocidos, casi como una sublimación del trauma marcado por su primera experiencia sexual. Con sus posibles defectos, The great chimera es una propuesta sólida que encuentra en el clasicismo de su puesta en escena una contemporaneidad destacable, como el reflejo de un destino que se describe en la escandalosa interpretación que hace Marina ante sus profesores de Medea, la madre que asesinó a sus propios hijos: "Medea es un ser común y corriente, cuyo amor ciego nubla su juicio, como ocurre con cualquier ser humano normal".


