The gold (temp. 2)
The gold | Reino Unido 2025 | Filmin, 6x45’ ★★★★☆
Creada por Neil Forsyth
Dirigida por Patrick Harkins
El mes pasado se estrenó en España la primera temporada de The gold (Filmin, 2023-2025), una producción británica extrañamente inédita en nuestro país hasta la fecha, a pesar de su conocido reparto, y que ahora recupera su segunda y última temporada, un recorrido que su creador Neil Forsyth (1978, Escocia) siempre concibió como dos partes que acompañarían a “las dos mitades del oro“ robado en el asalto al almacén Brink’s-Mat. La anterior temporada narraba los acontecimientos que rodearon a la historia real que tuvo lugar en noviembre de 1983, cuando una banda de ladrones irrumpió en un almacén ubicado en un polígono industrial cercano al aeropuerto de Heathrow. Habían planeado robar un cargamento de pesetas españolas, pero se encontraron con tres toneladas de lingotes de oro con destino a Hong Kong, valoradas en 26 millones de libras: el botín más lucrativo de la historia criminal británica. Parte de la historia también se centraba en la persecución que llevó a cabo la Brigada Móvil de la Policía Metropolitana, con el superintendente Brian Boyce (Hugh Bonneville) al mando, mientras el grupo de ladrones trataba de convertir ese oro en dinero. Pero también descubría cómo las investigaciones de la policía solo habían estado rastreando la mitad del oro robado, por lo que esta última entrega se centra en cuál fue el camino seguido por la otra mitad.
En esta ocasión encontramos al comerciante de joyas John Palmer (Tom Cullen), al que la prensa británica apodó “Goldfinger”, disfrutando de un buen estilo de vida en Tenerife, que la policía sospecha que podría provenir del dinero robado, mientras Charlie Miller (Sam Spruell) acaba de salir de la cárcel y piensa que algo de la riqueza de Palmer también debería disfrutarla. El creador Neil Forsyth introduce elementos de ficción en esta recreación de la realidad, y la serie deja claro desde el principio que está basada tanto en los hechos reales como en las teorías que han circulado sobre el paradero del oro, que nunca fue recuperado en su totalidad. La primera temporada de The gold no solo funcionó por no centrarse en el robo en sí, sino en la persecución posterior, sino sobre todo por trazar un paralelismo con las diferencias de clases durante los años del thatcherismo en Gran Bretaña, porque parte del blanqueo del oro se produjo a través de los negocios inmobiliarios que surgieron en aquella época en Inglaterra, pero también de las inversiones en España. A la segunda temporada le cuesta algo impulsarse en los primeros episodios, principalmente por la ausencia destacada de dos de los personajes más interesantes de la primera: Kenneth Noye (Jack Lowden) y Edwyn Cooper (Dominic Cooper), y aunque uno de ellos regresa, esta segunda entrega se centra sobre todo en otros personajes. Brian Boyce continúa con su cacería personal, acompañado por los agentes Tony Brightwell (Emun Elliott) y Nicki Jennings (Charlotte Spencer), pero esta vez despertando menos interés en los medios, a pesar de que la investigación sigue abierta. Como dice Boyce: “Se trata de Brink’s-Mat. Nunca se acaba“.
Esta última parte funciona como espejo de la primera, enfocándose progresivamente en el núcleo central de los ladrones conforme se desarrollan sus relaciones, y usando el botín como una metáfora de la criminalidad como un elemento transversal de la sociedad.
A pesar de cierta falta de impulso, la segunda parte incorpora algunos personajes interesantes, como el egocéntrico experto en impuestos Douglas Baxter (Joshua McGuire), un graduado en Cambridge que se dedica a trapicheos y que es elegido por Charlie Miller para que blanquee el dinero negro. A lo largo de la historia, la posesión de riqueza, ya sea limpia o sucia, acaba difuminando las diferencias entre clases sociales, y el guión de The gold tiene una especial habilidad para establecer este paralelismo entre el hampa y las altas esferas, que no tienen escrúpulos en codearse con quien tiene una cartera abultada. Esto es lo que funciona especialmente bien en el caso de John Palmer y su relación con los negocios inmobiliarios en España, el comienzo de una burbuja que ya sabemos que acabaría estallando. La historia también se resiente quizás porque entra directamente en el terreno de la ficción especulativa, ya que no se sabe con certeza nada de lo que pudo ocurrir con la segunda mitad del oro, de manera que hay una construcción de posibilidades que a veces pueden acabar siendo algo forzadas.
Pero eso no evita que la serie se mantenga a un buen nivel, especialmente alrededor de esa reflexión sobre cómo el botín del robo no solo puede proporcionar estabilidad económica, sino también una paranoia constante respecto a la persecución de la policía y una sensación de inseguridad al tener que utilizar a bandas criminales para blanquear el dinero. La segunda temporada funciona como un espejo de la primera, pero enfocándose progresivamente en el núcleo central de los ladrones conforme se desarrollan sus relaciones y regresan algunos de los miembros más destacados. De hecho, al tratar de reproducir las virtudes que rodeaban a la ambición de la primera parte, esta segunda parece tratar de ampliar la mirada también a otros personajes, a pesar de que quizás hubiera funcionado mejor si se hubiera centrado en dos o tres principales. Pero la virtud principal de la conjunción entre la primera y la segunda temporadas de The gold es conseguir una alquimia en la que se establece esta transformación de la criminalidad callejera que se encontró con los lingotes de oro, con la esencia de los sistemas corruptos de las grandes finanzas, y usando el botín como una metáfora de la permanencia de la criminalidad como un elemento transversal de la sociedad, a través de personajes que nunca pueden dejan de ser criminales a pesar de conseguir atravesar las barreras de su clase social.


