Secret service
Secret service | Reino Unido 2026 | Movistar Plus, 5x45’ ★★★☆☆
Creada por Jemma Kennedy, Tom Bradby sobre la novela de Tom Bradby
Dirigida por James Marsh, Farren Blackburn
Resulta curioso que, mientras muchas series británicas permanecen en la larga lista de espera pendientes de un espacio dentro de las plataformas para estrenarse en España, esta producción de ITV que recientemente se estrenó en Gran Bretaña llegue a nuestro país con solo tres semanas de diferencia. Y eso que Secret service (Movistar Plus, 2026) no es precisamente una de las producciones más esperadas del año, y sus resultados tampoco son especialmente brillantes. Como su propio título indica, se trata de una historia de espías ambientada en los servicios secretos británicos, en torno a las investigaciones de la agente especial del MI6 Kate Henderson (Gemma Arterton) para tratar de destapar la identidad de un alto cargo del gobierno británico como un topo de los servicios secretos rusos, siendo su principal sospechoso el Ministro de Asuntos Exteriores Ryan Walker (Mark Stanley), en plena campaña para presentarse como candidato a Primer Ministro. Pero, como es habitual en este tipo de historias, nada es lo que parece y la propia agente y su colaborador Ravindra Sangva (Avi Nash) se tienen que enfrentar ellos mismos a sus superiores Zak Hussein (Khalid Abdalla) y Sir Alan Brabazon (Roger Allam) para llevar a cabo la búsqueda del supuesto espía. La serie está basada en el libro Secret service (2019), escrito por Tom Bradby (1967, Malta), periodista y presentador del canal ITV, que se ha encargado también de la adaptación y tiene un cameo en algunos episodios. Aunque de nacionalidad británica, Tom Bradby nació en Malta y allí es donde se desarrolla parte de la historia, que se ha rodado precisamente en La Valeta, donde Igor Borodin (Miglen Mirtchev), un alto miembro del servicio secreto ruso, tiene su casa de vacaciones, una villa donde alterna la convivencia con su familia con reuniones de alto secreto, dentro de la que se encuentra infiltrada Lena (Alma Prelec) como la cuidadora de sus hijos, sirviendo como informadora de Kate Henderson.
Pero la primera escena de Secret service es una mañana habitual en el hogar de la agente del MI6, preparándose para un nuevo viaje, mientras su marido Stuart Henderson (Rafe Spall) le prepara un sándwich. Un cambio de roles últimamente habitual en historias protagonizadas por personajes femeninos como Asesina a sueldo (Telecinco, 2025), aunque en este caso Stuart también trabaja para el gobierno, como asesor especial de la Ministra del Interior, Imogen Conrad (Amaka Okafor), que se presenta como oponente de Ryan Walker en la carrera hacia Downing Street. Que este entramado político en el que Kate Henderson se convierte en una entrometida que investiga a personas que no debería tocar, acabe provocando su suspensión, llevándola a iniciar una investigación clandestina, no parece demasiado original. Pero Secret service, a pesar de las influencias que Tom Bradby reconoce de autores como John le Carré o Len Deighton, no parece aspirar a ser una historia de espías especialmente novedosa. En algunos momentos se puede captar el tono desencantado del veterano agente George Smiley de las novelas de John le Carré que interpretó con sabiduría Alec Guinness en las miniseries Calderero, sastre, soldado, espía (Filmin, 1979) y Los hombres de Smiley (Filmin, 1982), pero son solo referencias que pasan rápidamente. Por el contrario, la historia utiliza todos los recursos tradicionales del subgénero de la Guerra Fría para construir una trama tan previsible como efectiva, un thriller que nunca encuentra una manera diferente de avanzar la historia, por mucho que una operación de extracción que se desarrolla en las calles de La Valeta en el Episodio 3 (T1E3) le de un cierto aire luminoso que no es habitual encontrar en estas historias generalmente más oscuras.
Hay elementos de una trama política que se queda en la superficie, como casi todo en esta serie que sacrifica la profundidad de algunos de sus temas en favor de una historia de espionaje que sigue los caminos tradicionales sin muchas sorpresas.
Quizás lo más peculiar de esta historia es cómo se involucra directamente en las altas esferas de la política británica, con una clara tendencia hacia las políticas laboristas que encabeza el Primer Ministro Anthony Fletcher (Steven Elder), quien se ve obligado a dimitir por circunstancias personales. Independientemente de que Ryan Walker sea o no un espía ruso, lo cierto es que aparece como una amenaza claramente populista con cierta ideología de derechas que es radical en cuanto a su política de inmigración: “Soy un apasionado creyente de nuestra sociedad multicultural, pero debe ser protegida. Protegida de verse desbordada por una inmigración ilegal, incontrolada y mal gestionada“, dice en el Episodio 2 (T1E2) en el programa Good Morning Britain, en ese típico discurso populista en el que se afirma una cosa y la contraria dentro de la misma frase. La serie está plagada de cameos de periodistas de ITV, compañeros de Tom Bradby, como los presentadores Ed Balls y Susanna Reid, o el reconocido Robert Peston. Sin embargo, en esa entrevista la respuesta más controvertida de Ryan Walker es la que está impregnada de nacionalismo inglés cuando hace referencia a la petición del Sinn Féin de que los ciudadanos de Irlanda del Norte decidan en referéndum si se independizan: “Quizás sea hora de que sean los ingleses los que decidan. Al fin y al cabo nosotros pagamos sus cuentas“. Estos son retazos de una trama política que podría ser diferenciadora, pero que se ahoga en la trama principal de espías que camina por los senderos tradicionales y bastante convencionales.
Y a pesar de eso Gemma Arterton es convincente como una agente del MI6 más doméstica de lo que es habitual, que se abraza desconsolada a su marido cuando pierde un agente, pero siempre manteniendo en secreto los detalles de la operación. Y la aportación de James Marsh (1963, Reino Unido) le da un toque de prestigio a esta producción, ya que no suele involucrarse en el formato de series este director ganador del Oscar por el documental Man on wire (2008), quien ya dirigió otra adaptación de una novela de Tom Bradby, en la película Agente doble (2012). La relación pactada de no injerencia profesional dentro del matrimonio Henderson resalta como uno de los aspectos más interesantes de la historia, pero una vez más queda un poco en la superficie, sin profundizar demasiado, solo como un elemento que perfila en cierta manera a los personajes pero nunca los define claramente. Hay un intento de ofrecer una imagen menos glamurosa de una agente del espionaje, aunque representado en un personaje femenino por parte de un escritor masculino puede estar al límite de cierta perspectiva machista (ella es una mujer de familia, pero su compañero Rav vive solo en su apartamento). Que el desenlace sea previsible aunque quiera ser revelador no es ninguna sorpresa, a pesar de que la historia ha jugado con la idea de que nadie es realmente confiable, pero resulta más pesimista el desenlace político, que en todo caso recuerda a muchos resultados electorales de los que estamos siendo testigos en la actualidad. A Secret service le falta algo que la haga diferente de otras historias similares, aunque Tom Bradby ha escrito otras dos novelas protagonizadas por Kate Henderson, así que éste puede ser el comienzo de nuevas adaptaciones futuras.


