Ponies
Ponies | Estados Unidos 2026 | SkyShowtime, 8x52’ ★★★★☆
Creada por Susanna Fogel, David Iserson
Dirigida por Susanna Fogel, Viet Nguyen, Ally Pankiw
1977, Moscú. Dos mujeres utilizan su perfil de personas sin interés para convertirse en espías del gobierno norteamericano dentro de una dinámica de poder que marca el equilibrio de una Guerra Fría que se sostiene en las demostraciones de fuerza. Como explica el jefe de la CIA en Moscú, Dane Walter (Adrian Lester) en el episodio Backstreets (T1E3), titulado como la canción de Bruce Springsteen (1975): “La única razón por la que los rusos tienen espías a su lado es porque nosotros también tenemos espías en el nuestro. Si todos los espías de ellos y de nosotros desaparecieran mañana, el mundo seguiría funcionando, y seguramente incluso mejor“. Esta teoría pragmática define un entorno de espionaje y contraespionaje en el que dos secretarias que trabajan para la embajada norteamericana pueden pasar tan desapercibidas como para llevar a cabo sus misiones. Esta es la premisa de una serie cuyo título Ponies (SkyShowtime, 2026) proviene del acrónimo utilizado para definir a una “Person Of No Interest” (Persona sin interés), representadas en dos mujeres que en principio solo tienen en común acompañar a sus maridos en Moscú, dos agentes de la CIA: “Somos mujeres. Nadie nos mira si no es para follarnos o para casarse con nosotras. Nadie sospecharía que somos espías“, dice Twila en el episodio Second hand news (T1E1), titulado como la canción de Fleetwood Mac (1977). Esta idea inicial puede ser algo floja para definir una cierta invisibilidad femenina en un mundo de hombres, porque la propia serie muestra cómo los rusos utilizan precisamente a mujeres infiltradas para seducir y espiar a algunos de sus objetivos. Pero lo más interesante de Ponies es que utiliza el género de espionaje como un telón de fondo para desarrollar la relación personal de las dos protagonistas, solamente unidas por una tragedia que sin embargo las lleva hacia el mismo camino. No estamos ante un estudio de las ambigüedades morales de los espías como en The Americans (Disney+, 2013-2016), sino en una propuesta mucho más superficial pero lo suficientemente entretenida.
La serie se esfuerza en demostrar que está ambientada en los años setenta, desde la utilización de canciones de la época para los títulos de los episodios y la banda sonora, hasta la descripción de cierta atmósfera de tensión, pero en realidad acaba cayendo en el típico retrato oscuro y melancólico de Moscú que podía estar justificado hace años pero que ahora parece demasiado acartonado y estereotipado, sin conseguir que la ciudad de Budapest donde se ha rodado pueda sentirse realmente como una representación fidedigna del telón de acero. Sin ser exactamente una buddy movie, porque las misiones de las protagonistas son diferentes, la serie es mejor cuando ambas están juntas, como en el episodio Don’t go breaking my heart (T1E4), como la canción de Elton John y Kiki Die (1976), cuando tienen que ayudarse mutuamente en una misión más peligrosa de lo que parecía. Y la evolución de su relación consigue ser el impulso de la historia, aunque al principio solo tienen en común que sus maridos son agentes de la CIA. Beatrice Grant (Emilia Clarke) y Twila Hasbeck (Haley Lu Richardson) son muy diferentes entre sí cuando se conocen en una plaza en la que la primera tiene algunas dificultades para lidiar con una vendedora desagradable. Bea es hija de un superviviente bielorruso de los campos de concentración y habla ruso tan perfectamente que es capaz de hacerse pasar por una ciudadana soviética. También tiene parientes como su abuela Manya (Harriet Walter) quien se roba todas las escenas desde que tiene un papel más importante en el episodio Turn the beat around (T1E5), como la canción de Vicki Sue Robinson (1976). Bea ejerce como ama de casa junto a su marido Chris (Louis Boyer) y le acompaña felizmente a Moscú, aunque suponga renunciar por el momento a retomar su carrera, hasta que Chris fallece en extrañas circunstancias y su condición de “PONIE” la convierte en perfecta candidata para ser espía. Entre sus misiones se encuentra mantener la colaboración con la CIA de Sasha Shevchenko (Petro Ninovskyi), un joven técnico que era colaborador de su marido y que tiene sus propias razones personales para filtrar información, y seducir al agente de la KGB Andrei Vasiliev (Artjom Gilz), que es más peligroso de lo que ella piensa y está implicado en una extraña desaparición de prostitutas.
Ofrece una visión llena de clichés que al mismo tiempo puede funcionar como una mirada cargada de nostalgia de las películas de espías de los años setenta y ochenta, pero no consigue tener la suficiente profundidad como para ser irónica o sarcástica.
Twila también está casada, pero tiene una relación más distante con su marido Tom Hasbeck (John Macmillan), en parte por su carácter impetuoso y en parte porque casarse solo fue una excusa para salir de la ciudad de Dodge, en Kansas. No tiene mucho en común con Bea, excepto que Tom y Chris murieron cuando pilotaban un avión en una misión secreta, aunque no se sabe en qué circunstancias concretas. Para Bea, averiguar lo que ocurrió con su pareja es la principal razón por la que decide presentarse como candidata a espía; para Twila, el descubrimiento de un secreto relacionado con su marido Tom la lleva a seguir adelante, pero sobre todo la intención de no regresar a su vida anterior. Y aunque parezca demasiado fácil que ambas sean incorporadas a misiones de espionaje, se trata de una de las premisas que hay que aceptar para dejarse llevar por la historia (algunos espectadores también han comentado que el ruso que habla Emilia Clarke es tan incomprensible que resulta inverosímil que pudiera engañar a un agente de la KGB). Otros personajes también tienen secretos, como el jefe de la CIA Dane Walter, que ha estado casado pero es homosexual, lo que los rusos tratan de utilizar en su contra, algo que no le preocupa: “Dígaselo a quienquiera. Mi madre está muerta. Ya no estoy casado. En Washington todo el mundo lo sabe. ¿Por qué cree que he terminado en Moscú, el peor destino de la puta CIA?“, dice en Don’t go breaking my heart (T1E4). Hay alguna subtrama relacionada con Ray Szymanski (Nicholas Podany), un analista que sirve como enlace con las nuevas espías, cuya esposa Cheryl (Vic Michaelis) se siente desplazada por la niñera rusa Eevi (Clare Hughes), que resulta poco interesante, aunque pueda tener implicaciones más relevantes conforme avanzan los episodios.
En general, Ponies ofrece una visión llena de clichés que al mismo tiempo puede funcionar como una mirada cargada de nostalgia de las películas de espías de los años setenta y ochenta, pero no consigue tener la suficiente profundidad como para ser irónica o sarcástica, ni siquiera referencial. Los creadores Susanna Fogel (1980, Rhode Island), guionista de The flight attendant (HBO Max, 2020-2022), y David Iserson (1977, Nueva Jersey), que trabajó en Mr. Robot (SkyShowtime, 2015-2019) y que ejerce como showrunner, ya habían escrito juntos el guión de una película con una premisa similar. La comedia El espía que me plantó (Susanna Fogel, 2018) contaba la historia de dos amigas que se veían involucradas en una conspiración internacional, así que Ponies parece una versión algo más refinada de aquella. Y la propia directora se encarga de establecer el tono de la serie en los dos primeros episodios y dirigir también el último, The stranger (T1E8), como la canción de Billy Joel (1977), que Puede resultar demasiado apresurado, pero sitúa la acción al servicio de las respuestas que necesita, aunque ofreciendo un giro de guión que altera notablemente los impulsos de la narrativa, dejando un final abierto que reclama una segunda temporada, posiblemente ya pactada, aunque no es garantía de nada en el actual panorama audiovisual. La principal virtud de esta serie es desarrollar con credibilidad el crecimiento personal de las protagonistas, no solo como espías sino también en su propia relación, logrando una especie de empoderamiento que las sitúa cada vez más al margen de la definición que las ha restringido como mujeres invisibles, para definirse como heroínas que son capaces de contribuir a salvar un pequeña parte del mundo. Pero transforma con habilidad un misterio que parecía centrarse en averiguar las razones que llevaron a la muerte de sus maridos, para situarlas a ellas mismas como parte del sistema, y por tanto susceptibles de ser también aniquiladas.


