Palestine 36
Festival de Róterdam - IFFR 2026
Palestine 36, de Annemarie Jacir
Palestine, Reino Unido, Francia 2025 | Limelight | ★★★★☆
Oscar ‘26: Candidata palestina
TIFF ‘25: Premiere mundial
Desde sus cortometrajes Like twenty impossibles (2016) y Wajib (2017), seleccionados en dos ediciones consecutivas del Festival de Róterdam, la cineasta Annemarie Jacir (1974, Palestina) ha tratado diferentes aspectos de la realidad palestina y de su diáspora, pero sobre todo destacó su primer largometraje, La sal de este mar (2008), cuyo tratamiento del regreso de una mujer estadounidense-palestina que quiere residir en la ciudad de Ramallah, donde encuentra a algunos de sus habitantes esperando visas para poder salir de allí, conecta con los acontecimientos ocurridos en los últimos meses dentro del lejano camino que ha recorrido el conflicto entre árabes y sionistas. En una parte del comienzo de esa confrontación se centra su ambiciosa última película, Palestine 36 (Annemarie Jacir, 2025), que nos transporta hasta las primeras rebeldías de los habitantes árabes de una tierra que se encuentra bajo el protectorado de Gran Bretaña, quien decide poner parte de ellas al servicio del desplazamiento del pueblo judío, progresivamente expulsado de Europa en medio de un sentimiento creciente de antisemitismo que acabó derivando en una persecución cruel. El “problema judío” se desplazó hasta Jerusalén, y la solución que encuentran los diplomáticos británicos, encabezados por el Alto Comisionado Wauchope (Jeremy Irons) es dividir las tierras en dos partes sin consultar a los agricultores que las habitan, y dejando que los colonos judíos se apoderen de zonas rurales incluso de manera violenta.
El anhelo de una tierra prometida en Jerusalén que ha usado el pueblo judío para justificar su ocupación no tuvo en cuenta que esa región situada entre el río Jordán y el mar Mediterráneo estaba habitada desde el paleolítico por los antecesores de los agricultores palestinos que comenzaron a expulsar. La película plantea que la ocupación de los territorios árabes fue impulsada por los propios funcionarios británicos que habían favorecido su expulsión de Europa por un antisemitismo creciente, hasta que la Comisión Peel tomó la decisión de apoyar la creación de un Estado de Israel que se asentaría en parte de las tierras árabes, lo que está planteado como la principal razón de las revueltas, aunque puede no ser históricamente correcto. Ha habido en los últimos meses algunas discusiones entre autores como Robert Cherry que niega el rigor histórico del relato, afirmando que la violencia contra los judíos fue anterior y que la directora no menciona algunas figuras clave como el líder árabe Gran Muftí Amin al-Husseini, “que instigó la violencia y eliminó a la comunidad judía del valle de Hebrón“, mientras que otros autores como el periodista Jonathan Cook defienden la tesis de la historia contada por Annemarie Jacir. Ésta se centra principalmente en el joven árabe Yusuf (Karim Daoud Anaya), un granjero que mantiene una buena relación con la comunidad británica ayudando a Amir (Dhafer L’Abidine), un líder burgués que se alinea con la agenda sionista esperando mantener su estatus, y su esposa Khouloud (Yasmine Al Massri), una periodista radical que escribe bajo un seudónimo masculino. En la parte británica hay una cierta exposición más simplista: el Capitán Wingate (Robert Aramayo) es el retrato de un sionista que se refiere a los palestinos como animales, mientras que el Comisionado Thomas (Billy Howle) defiende la creación de un estado palestino libre e independiente.
Puede ser a veces imprecisa y unidireccional, estableciendo a los árabes únicamente como víctimas de la violencia, pero dentro de su condición de épica histórica contiene una mirada profunda hacia el pasado como la fuente de los problemas del presente
Uno de los aspectos más discutidos de la película, y también de los antecedentes históricos que propone, es el informe en el que la Comisión Peel aprobó un plan de partición en 1937 que establecía un Estado de Israel en parte del territorio árabe. Palestine 36 se centra principalmente en el período que transcurre entre la huelga general de los habitantes árabes que se desarrolló durante seis meses en 1936 y la masacre de la aldea palestina Al-Bassa que tuvo lugar en 1938. Parte del trasfondo de este acontecimiento protagonizado por las tropas británicas está representado a través de la figura de Kareem (Ward Helou) y el padre Boulos (Jalal Altawil), un sacerdote cristiano, quien enseña a su hijo el valor de la resistencia a través de un juego en el que ambos se muerden los puños: “El valor no está en quién tiene más fuerza, sino en quién es capaz de resistir más. Hay que perseverar para poder ganar“. Con una cierta mirada hacia las producciones de David Lean en el retrato de una historia multifacética de personajes que se cruzan entre sí, como el trabajador portuario Khalid (Saleh Bakri), que se convierte en uno de los líderes de la revuelta, la directora Annemarie Jacir construye un reflejo histórico que se sostiene en las pequeñas experiencias de algunos de sus habitantes, una historia de resistencia y de insumisión a las imposiciones coloniales.
Puede ser a veces imprecisa y unidireccional, estableciendo a los árabes únicamente como víctimas de la violencia, no como instigadores de ella, e invisibilizando a la comunidad judía que prácticamente solo se menciona en las conversaciones, pero no tiene una representación física. En su relato que conecta con la realidad histórica, se introducen fragmentos de archivos que muestran la vida cotidiana en Palestina, donde se rodó la película, y referencias a la huelga y las revueltas que se organizaron en los años treinta. También se silencia a una parte de la población palestina que estaba de acuerdo con la partición que proponía la Comisión Peel, cuya recomendación era que la comunidad judía recibiera solo el 12% del territorio del Mandato Británico, y que la gran mayoría del resto se asignara a los habitantes árabes palestinos. Pero la candidata palestina a los Oscar, que consiguió pasar el corte de la preselección pero no ha sido nominada, en favor de la representante tunecina La voz de Hind (Kaouther Ben Hania, 2025), ofrece una perspectiva diferente al relato sionista habitual, que puede ser impreciso pero alimenta la reflexión sobre cómo el genocidio contra el pueblo palestino tiene su raíz en las consecuencias del colonialismo y el antisemitismo europeo. Y contiene dentro de su fuerte condición de épica histórica una mirada profunda hacia el pasado como la fuente de los problemas del presente.


