Nomad shadow
Festival de Cine de Toronto 2025
Nomad shadow, de Eimi Imanishi
España, Estados Unidos, Francia 2025 | Centrepiece | ★★★☆☆
Las historias sobre el exilio habitualmente narran crónicas de los trayectos hasta llegar al país de acogida, o las formas de adaptación a otras sociedades, pero raramente adoptan la perspectiva contraria. Sin embargo, el debut en el largometraje de la directora Eimi Imanishi, que ya participó en el Festival de Toronto con su cortometraje Batallón a mi ritmo (2016), regresa al Sáhara Occidental para contar una historia de inmigración inversa, explorando la alienación que sufre una joven cuando se ve obligada a volver a su hogar después de años de ausencia. Mariam (Nadhira Mohamed) ha vivido durante una década en España tras tomar la decisión de dejar a su familia, pero durante una redada policial, es detenida y deportada por las autoridades españolas. Mientras intenta encontrar la manera de volver a la sociedad occidental en la que ahora se siente más cómoda, ella se enfrenta a los reproches de su familia porque miran con decepción su experiencia en Europa, en la que en realidad ha acabado trapicheando con drogas como hace su hermano Alwali (Suleiman Filali) en el Sahara, quien de alguna forma trata de protegerla impidiéndole que trabaje con él. También están los reencuentros incómodos con una sociedad de la que Mariam se siente desconectada, después de haberse transformado ella misma y despreciar las dinámicas de poder que se establecen entre hombres y mujeres, prácticamente reducidas a ser esposas, madres y amas de casa. Su propia madre Fatimetou (Eddami Elabed) y su hermana Selka (Khadija Najem Allal) tienen reproches que hacerle sobre marcharse para acabar volviendo sin cumplir las promesas prometidas, pero mantienen una cierta solidaridad femenina que tiene algo de acogedora. Sin embargo, la situación de Mariam es menos complicada que la de su antiguo novio Sidahmed (Omar Salem), que emigró con ella y al que abandonó cuando se encontraba en España. Él también ha regresado y dice "preferir la compañía de los camellos a las personas", porque los hombres de la localidad le insultan tras descubrir que recurrió a la prostitución cuando estaba en España. La supuesta pérdida de hombría provoca situaciones de tensión, como cuando uno de los primos de Mariam no permite a Sidahmed participar en la celebración de una boda familiar. El regreso de los emigrantes, forzado o no, se considera como un fracaso, algo que también parece conocer la actriz Nadhira Mohamed en su vida real, menos aceptada en una parte de su familia por vivir bajo las costumbres occidentales. También la propia experiencia vital de la directora Eimi Imanishi, de nacionalidad japonesa-estadounidense, quien reside actualmente en Nueva York pero se ha formado en Francia y España, y conoce la realidad saharaui a través de su exmarido.
La película usa una dirección minimalista para acercarse a la descripción de la inmigración inversa, la que desemboca en un regreso al origen, forzado o no, que se mira como un fracaso desde la perspectiva local y supone una alienación y una asfixia vital
Enmarcada dentro del desierto y los ríos secos porque hace tres años que no llueve, Nomad shadow (Eimi Imanishi, 2025) es una historia que alterna la intimidad de la protagonista con el hipnótico paisaje del Sahara Occidental. Aunque no introduce demasiados elementos políticos respecto a la ocupación marroquí, de alguna forma está sobrevolando constantemente toda la historia, pero ofrece una visión del entorno diferente a la que se representa en el cine. La excelente fotografía de Frida Marzouk, que ha trabajado en producciones norteamericanas y recientemente en la película Bye bye Tiberias (Lina Soualem, 2023), documental sobre la familia de la actriz Hiam Abbass, captura de manera hermosa los colores anaranjados del Sahara. La directora Eimi Imanishi alterna los planos cerrados que muestran la alienación de Mariam para subrayar la sensación de estar atrapada en un lugar del que necesita escapar, con planos más amplios que la enmarcan dentro de su entorno. Al trabajar principalmente con actores saharauis no profesionales, la mayor parte de las escenas que incluyen encuentros entre varios personajes están construidas a través de planos estáticos largos, sobre todo debido a la imposibilidad de planificar con suficiente tiempo por cuestiones presupuestarias. De manera que hay, en parte por necesidad y en parte por opción personal, una dirección minimalista que refuerza la naturalidad de las situaciones y ofrece el espacio necesario para que los actores construyan sus personajes. Hay, sin embargo, una cierta falta de emoción, que no termina de transmitirse con suficiente fuerza a través de las imágenes, y algunas secuencias metafóricas que, si bien están rodadas con sensibilidad, se sienten demasiado básicas, como cuando Mariam trata de atrapar un pez desde una barca solitaria, que expresa la asfixia vital y la necesidad de libertad. Sin embargo Nomad shadow consigue abordar el viaje físico y psicológico que supone el exilio desde una perspectiva que no suele ser habitual.


