Hannibal
Hannibal | Estados Unidos 2013-1015 | Filmin, 39x45’ ★★★★★
Creada por Bryan Fuller
Dirigida por Michael Rymer, Guillermo Navarro, Vincenzo Natali, John Dahl, James Foley
Una de las series más reconocibles del panorama televisivo de la Prestige TV, también es una de las menos laureadas, con tan solo una nominación al premio Emmy en 2016 en la categoría de efectos visuales, cuando terminó su tercera y última temporada. En todo caso, que una serie como ésta permaneciera durante tres temporadas en un canal de cable como NBC dice mucho de cierta tendencia de la televisión de entonces a tratar de ponerse a la altura de las producciones de prestigio que se venían realizando en una época marcada por el riesgo y la consideración hacia espectadores dispuestos a ser desafiados con nuevas narrativas. Aunque hay que decir que Hannibal (Filmin, 2013-2015) nunca fue un éxito de audiencias, a pesar de haber sido siempre una recomendación crítica, y esa en parte fue la razón de su cancelación antes de que terminara la muy ambiciosa estructura de siete temporadas que había planeado su creador, Bryan Fuller (1969, Idaho), que irían introduciendo las adaptaciones de algunos de los libros escritos por Thomas Harris (1940, Tennessee): la cuarta temporada adaptaría El dragón rojo (1981, Ed. RBA) y la quinta temporada El silencio de los corderos (1993, Ed. RBA), mientras que las dos últimas seguirían una línea de narrativa original como la estructura de las primeras temporadas. Así que las tres entregas que fueron producidas nos dejan con la miel en los labios, pero al menos ofrecen un cierre más o menos sólido a las tramas principales. A lo largo de los años, y especialmente desde su décimo aniversario en 2023, la serie ha ido apareciendo y desapareciendo de diferentes plataformas, y en la actualidad la ha rescatado HBO Max en algunos territorios internacionales, mientras que en España regresan sus tres temporadas para formar parte de esa tendencia de recuperación de series que viene llevando a cabo Filmin. La capacidad de Bryan Fuller para ir convirtiendo una serie que adoptaba la estructura de un procedimental al principio, hasta una narrativa cada vez más críptica y simbólica, sobre todo en la tercera temporada, fue una de sus virtudes (también uno de sus defectos para muchos seguidores), aunque esto dificultó su continuidad, a pesar de que la cancelación se produjo en el marco de una reestructuración general de la programación de NBC que acabó sacrificando a una producción demasiado costosa para las bajas audiencias que conseguía. Pero Bryan Fuller, especialmente en los últimos años, ha manifestado que nunca sintió que la cadena apoyara totalmente la serie en cuanto a programación y promoción.
Hay muchas razones por las que considerar Hannibal como una de las propuestas más singulares del panorama televisivo, desde su concepto operístico hasta sus simbolismos y los subtextos de sus historias. La adaptación de Bryan Fuller convierte a Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen) en un sofisticado manierista que conoce bien los rincones más oscuros del alma humana y que mantiene una relación peculiar con el psiquiatra y perfilador criminal Will Graham (Hugh Dancy) mientras investigan juntos a los asesinos más despiadados. Al mismo tiempo que se presenta una estilización de las representaciones de la muerte, también permanece latente una suerte de erotismo de masculinidad entre los dos protagonistas, tanto que la serie se ha considerado queer por la relación entre Hannibal y Will: la tercera temporada comienza en el episodio Antipasto (T3E1) con una especie de regalo de San Valentín, con el cuerpo de un hombre esculpido con la forma parecida a un corazón y colocado en una iglesia en Palermo. Pero Bryan Fuller, que es abiertamente homosexual, aclaró en una entrevista con motivo del décimo aniversario del estreno de la serie, que Hannibal Lecter carece de una visión binaria del mundo: "Es pansexual. Lo que le atrae es la belleza desprovista de género. En conversaciones con Mads Mikkelsen sobre Hannibal, no hablamos de él con una identidad de género binaria… Es Hannibal. No tiene género. Se manifiesta de esta forma según la voluntad del diablo".
Hay muchas razones por las que considerar Hannibal como una de las propuestas más singulares del panorama televisivo, desde su concepto operístico hasta sus simbolismos religiosos y los subtextos de sus historias.
Durante la primera temporada, Hannibal imitaba la estructura de los procedimentales habituales en las cadenas por cable, pero conforme se desarrolla se acaba quitando esa narrativa encorsetada para hacerse más libre, pero también más críptica, igual que Hannibal Lecter se va quitando progresivamente ese “traje de persona normal“ que necesita para mezclarse entre la sociedad, al que se refiere su terapeuta Bedelia Du Maurier (Gillian Anderson), de la que nunca sabemos realmente si es su cómplice o su rehén, especialmente en la última temporada que transcurre en Europa, en la que ambos se hacen pasar por marido y mujer. Pero es sobre todo el tono operístico de la serie el que consigue traspasar los límites del género televisivo, una suerte de representación de la muerte que es más violenta por la puesta en escena que por la propia explicitud de los asesinatos con los que Will Graham se siente identificado, con su especial don para interpretar la escena del crimen, en esos pasajes en los que, en su mente, él se convierte en el asesino para explicar la pauta de los acontecimientos. Decía Bryan Fuller que cuando hablaba con los directores de la serie, siempre les decía que no lo plantearan como la dirección de un episodio, sino como la de un largometraje artístico pretencioso, de manera que tenían libertad para elaborar un concepto visual completamente estilizado. La disposición de los cadáveres que se representan a lo largo de los episodios es un macabro juego con las posibilidades de la deformación: la piel que se estira para formar alas, la introducción de seres vivos dentro de los cuerpos, la forma de doblar los cadáveres para formar una colmena, o incluso una imagen parecida a un ojo en el episodio Sakizuke (T2E2), en el que vemos en el centro del iris a Hannibal Lecter. La representación del ojo divino a través del ojo demoníaco.
El canibalismo es una de las señas de identidad del personaje, representado de una forma burda en la película Hannibal (Ridley Scott, 2001), uno de lo fracasados intentos que el cine fue explorando para intentar alcanzar la maestría de El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), que alcanzaría su nivel más bajo en la indigesta El dragón rojo (Brett Ratner, 2002), sin olvidar la infravalorada Hunter (Michael Mann, 1986), la primera adaptación de las novelas de Thomas Harris. Pero en la serie sus apetencias gastronómicas no están mostradas con un carácter truculento sino como una señal de su refinamiento, en platos elaborados bajo las recetas del consultor gastronómico, el chef español José Andrés, ya convertido en una estrella en Estados Unidos, quien tuvo la difícil tarea de diseñar platos que transmitieran también una imagen apetitosa, a pesar de sus macabros ingredientes. Respecto a las novelas, Bryan Fuller tomó algunas decisiones significativas, como la de cambiar el sexo de Freddie Lounds (Lara Jean Chorostecki), en este caso una periodista de true crime que investiga algunos de los asesinatos perfilados por Will Graham. Tanto en la novela El dragón rojo como en las películas que la adaptan, Hunter y El dragón rojo, el personaje era masculino mientras que en la serie adopta la imagen de una mujer, lo que le aporta tridimensionalidad a un perfil que resulta aún más ambiguo. Hannibal se convierte en un reflejo, no solo de la pulsión trágica del terror, sino de las relaciones tóxicas entre los personajes. Los crímenes se escenifican como espejos de sus víctimas: un juez es cegado para representar la justicia que no impartió; un forense es diseccionado. Los asesinos son creadores perturbados que son investigados por perfiladores y policías aún más perturbados, elaborando una suerte de mirada expresionista del mal a través de relaciones que bucean en la parte más oscura y siniestra del ser humano.


