For life
Visions du Réel
Ömür Boyu, de Ahmet Seven
Turquía, Palestina 2026 | Grande Angle | 88’ ★★★★☆
Las ramificaciones que pueden surgir del permanente estado de opresión hacia un pueblo como el palestino pueden llegar a ser sorprendentes, pero al mismo tiempo reflejan la capacidad de resistencia que se vehicula a través de manifestaciones reales de necesidades vitales. Como la de ser madre, un objetivo que persigue constantemente Hind Mashahra, a la que sigue la cámara del director en la película For life (Ahmet Seven, 2026). Sin embargo, ella es una de las miles de mujeres palestinas cuyos maridos han sido detenidos y sentenciados a cadena perpetua por las autoridades israelíes. A fecha de 2025, existen 10.200 presos palestinos en cárceles israelíes, según datos del ministerio palestino de Asuntos de Detenidos y Ex-detenidos, de los cuales más de un tercio no ha pasado por un juicio y casi todos han sido sometidos a la autoridad de tribunales militares. A lo largo de los años, la ONU ha sido muy crítica con Israel por su tratamiento de los prisioneros palestinos y ha asegurado que generaciones enteras han soportado “privaciones de libertad arbitrarias, generalizadas y sistemáticas bajo la ocupación israelí“. Sin embargo, no son los detenidos los protagonistas de este documental que se originó con la fotografía de una mujer palestina abrazando a su bebé, a partir de la cual Ahmet Seven decidió averiguar más detalles sobre estas madres y acabó encontrando una realidad insólita. Desarrollando un enfoque de cine directo, la cámara acompaña a Hind en su necesidad de tener un hijo con su esposo, condenado a cadena perpetua, al que las autoridades israelíes no permiten ni siquiera las visitas externas. La única posibilidad de conseguirlo es acceder a la fecundación in vitro (FIV) a través del contrabando del esperma de su marido, creando un plan sometido a numerosos obstáculos que sin embargo ha surtido efecto en muchas mujeres palestinas.
De esta forma, For life se construye como una especie de thriller en el que el tiempo corre en contra de la protagonista, desde que establece contacto con la familia de algún preso que va a ser liberado y que puede ocultar el esperma de contrabando depositado en un guante o en una varilla de un bolígrafo. Procedente de Cisjordania, Hind se arriesga a cruzar el checkpoint que a veces puede generar largas colas de coches, esperar cerca de la prisión a la salida del preso que lleva oculto el esperma de su marido, y regresar rápidamente a un laboratorio de Cisjordania antes de que el calor o las condiciones en las que se ha depositado acaben estropeando la muestra. A lo largo del documental asistimos a varios intentos frustrados de la protagonista, a los tratamientos de hormonas que le recetan para ser más receptiva al embarazo y a las pruebas del laboratorio para detectar si la muestra de esperma es de suficiente calidad como para poder llevar a cabo la fecundación. La desesperación de Hind por ser madre puede parecer obsesiva, contemplando videos en las redes sociales sobre otras mujeres palestinas que han conseguido ser madres mediante este tipo de fecundación, y rezando constantemente: “Por favor, permíteme tener un hijo para poder sobrellevar esta soledad“. Pero también refleja la planificación profundamente cruel de un sistema penitenciario israelí que se enfoca en la aniquilación de la maternidad al contravenir los derechos básicos de los presos, estipulados en el Reglamento Nelson Mandela de las Naciones Unidas, que establece las visitas conyugales y familiares como un componente esencial de los derechos humanos.
La negativa de Hind a aceptar el boicot de Israel a su derecho a la maternidad, por mucho que su marido haya sido condenado, acaba resultando profundamente conmovedora. La maternidad a la que aspira también es una forma de liberación y de reivindicación de un futuro posible para el pueblo palestino.
La maternidad a la que aspira Hind también es una forma de liberación y de reivindicación de un futuro posible para el pueblo palestino, convirtiéndose en un símbolo de generaciones posteriores que tengan la posibilidad de vivir en paz. For life no aborda directamente cuestiones políticas, pero todo lo que rodea a la vida cotidiana de Hind está impregnado de la opresión que se ejerce sobre Palestina, reconocida como Estado por más del 80% de los integrantes de las Naciones Unidas. El paso continuo por los checkpoints o las barreras de segregación a través de los 700 km de muros de hormigón que rodean la mayor parte del territorio de Cisjordania son elementos permanentes en el paisaje de los continuos viajes en taxi que debe hacer Hind para conseguir su objetivo. Es también una especie de prisión al aire libre, una condena perpetua que no solo padecen los presos, sino que se extiende también a sus esposas. Los aspectos políticos están representados en las protestas ocurridas en 2023 cuando las autoridades israelíes negaron la excarcelación del periodista Walid Daqqa, que ya había cumplido su condena de 37 años por liderar un grupo afiliado al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), que secuestró y asesinó a un soldado israelí. A pesar de haber cumplido su condena, en 2018 se le había ampliado a dos años más por introducir teléfonos móviles en la cárcel, pero a pesar de que padecía cáncer de huesos le negaron la salida de la cárcel, y acabó muriendo en 2024 sin poder tener acceso a un trasplante de médula ósea. Su esposa, la abogada Sanaa Salameh, fue una de las primeras esposas de presos que consiguió tener un hijo a través de la inseminación artificial con el esperma de su marido.
Hay una especie de complicidad dentro de esta red de contrabando, desde los conductores que la llevan y la traen de la prisión, hasta los presos que ocultan las muestras en sus propios cuerpos (no se menciona si existe algún tipo de transacción económica), pasando por los integrantes del laboratorio que reciben la muestra para rápidamente detectar si es posible utilizarla en el FIV. La negativa de Hind a aceptar el boicot de Israel a su derecho a la maternidad, por mucho que su marido haya sido condenado, acaba resultando profundamente conmovedora, especialmente cuando después de varias horas de viaje, el resultado de la observación en el microscopio detecta que no hay espermatozoides vivos. En muchas ocasiones, la cámara que acompaña a Hind se coloca a cierta distancia, pero se escucha el llanto desesperado de la frustración. Durante algunas conversaciones por videollamada con mujeres que han conseguido ser madres, ellas prefieren no referirse al esperma como un objeto de contrabando, sino como “esperma liberado“, el que permite el milagro de la vida a pesar de la condena al aislamiento. Mientras habla con una madre, Hind expresa su incertidumbre sobre cómo sería recibido su embarazo por su entorno, planteando dudas sobre si provocaría habladurías entre sus vecinos por quedarse embarazada con su marido en la cárcel. “Es muy duro física y psicológicamente, pero al final, cuando estás sosteniendo a tu bebé, lo olvidas todo. Yo animo a las esposas de los presos a que lo intenten“, le dice ella. Hay algunos momentos en For life que alcanzan altos niveles de tensión, y la manera en que Hind permite el acercamiento a su propia experiencia, a veces frustrante, transmite una carga emocional que eleva la relevancia de una película que aborda la opresión sobre el pueblo palestino desde una perspectiva inusual.


