Far from Maine
Festival de Róterdam - IFFR '26
Far from Maine, de Annemarie
Palestine, Reino Unido, Francia 2025 | Limelight | ★★★★☆
En un panorama que se ha degradado hasta la confrontación ideológica que no reconoce la incongruencia de responder a un ataque terrorista con una masacre genocida, cualquier propuesta que trate de construir un diálogo puede parecer un acto de rebeldía. El director Roy Cohen (1984, Israel) trata de hacerlo en un documental que está construido como un diálogo con su amigo Aseel Asleh, un joven palestino residente en Israel al que conoció en 1998 durante un campamento de la paz, llamado Seeds of Peace, que se celebró en la ciudad de Maine, en Estados Unidos, al que acudieron representando a la delegación israelí. Inmediatamente hubo una conexión entre ambos y se hicieron amigos, hasta que en 2000 Aseel Asleh fue asesinado por los soldados israelíes durante la Segunda Intifada. Far from Maine (Roy Cohen, 2026) hace referencia a ese momento de conocimiento personal, a partir del cual ambos regresaron a sus entornos familiares y llevaron vidas separadas. En el caso del director, comenzó años después una relación sentimental con un norteamericano y tuvieron una hija, pero el recuerdo de Aseel ha permanecido tan claramente que la estructura del documental se sostiene en un diálogo ficticio entre el Roy Cohen de la actualidad y el Aseel Asleh que no pudo traspasar la juventud. Esta conversación basada en cartas que se enviaron durante un tiempo es también una reflexión sobre cómo la sociedad israelí ha enfrentado todo lo que ha ocurrido desde el 7 de octubre de 2023, tras el ataque terrorista de Hamás que provocó la muerte de 1219 personas y el secuestro de 251, mayoritariamente civiles israelíes. Y una respuesta por parte de Israel en un genocidio que ha acabado con la vida de más de 72.000 gazatíes, entre ellos 20.000 niños, el desplazamiento de 1,9 millones de personas y la destrucción absoluta de Gaza, con un futuro controlado por Estados Unidos para reconvertirla en un resort de lujo.
Pero la huella de la ocupación permanece inalterable, y el recorrido que efectúa Roy Cohen en su documental deja cuestiones relevantes sobre los silencios y las mentiras. Él mismo es de origen árabe-israelí, pero nació en una ciudad de la que nunca supo, hasta que se hizo adulto, que había sido un asentamiento palestino ocupado por los israelíes. Quizás lo más relevante de documental es cómo expone una realidad impactante, especialmente cuando habla con una de sus hermanas, quien vivió en un kibutz cercano a la franja de Gaza, en el que hubo algunos conatos de ataques durante los atentados del 7 de octubre, y a quien se le ha ofrecido un terreno para volver a habitarlo. Entre los israelíes que apoyan las políticas genocidas de Benjamin Netanyahu y los que protestan en contra de ellas, hay una parte de ciudadanos mucho más numerosa, la de aquellos que prefieren mirar hacia otro lado y permanecer en silencio. Cuando Roy Cohen habla con una responsable de seleccionar a los jóvenes que formaron parte de la delegación israelí que fue al campamento Seeds of Peace y le menciona el nombre de su amigo Aseel Asleh, ella también se niega a hablar de él. Desde el principio, nos cuenta el director en su narración, el joven Aseel mostraba cierta rebeldía, explicando su origen palestino y renunciando a cantar el himno de Israel. Lo que provocó que la delegación israelí se negara a volver a invitarle, mientras que la organización del campamento le invitó como representante individual. Incluso el idealismo de la convivencia pacífica que representaba el encuentro estaba envuelta en debates intensos y en algún insulto racista.
Lo más revelador de la película está en el interior de Israel, en el reflejo de la educación dirigida durante años, y en las huellas de las mentiras inoculadas en los jóvenes, basadas en la permanencia del silencio y la indiferencia.
Al mismo tiempo que establece el diálogo ficcionado con su amigo palestino, Roy Cohen conversa en Estados Unidos con algunos de los jóvenes del campamento con los que ha seguido manteniendo contacto, y que continúan participando en las manifestaciones contra el genocidio israelí. Aunque el documental no llega a capturar la persecución a la que han sido sometidos los representantes de las protestas palestinas y la desfinanciación a la que ha sometido la actual administración norteamericana a las universidades que se han alineado con la libertad de expresión. En la realidad que describe Far from Maine, antes del desembarco del fascismo, los Estados Unidos todavía eran un espacio donde expresar de manera libre y sin miedo a ser considerados terroristas por apoyar la solución de los dos Estados para el conflicto palestino-israelí. Pero lo más revelador de la película está en el interior de Israel, en el reflejo de la educación dirigida, en las huellas de las mentiras inoculadas en los jóvenes, en la permanencia del silencio y el desinterés: “No me interesa lo que está pasando allí. Apenas veo las noticias“, dice la hermana de Roy Cohen, como si la invisibilidad o el negacionismo pudieran borrar la realidad.
Es la indiferencia flagrante de muchos ciudadanos israelíes la que expresa con mayor profundidad los soportes en los que se sostiene la psicopatía de personajes como el ultraderechista Ministro del Interior Ben Gvir, a cuyo pasado también se hace referencia en la película. Far from Maine mezcla imágenes de archivo con las conversaciones y las reflexiones personales de Roy Cohen, que en algunos casos resulte difícil. Como cuando habla con Yousef Bashir, uno de los participantes en el campamento, quien ha guardado un libro con el casquillo de una bala incrustado en él, durante un ataque del ejército israelí a su casa, para recordarle la realidad a los que dudan sobre la violencia sistemática. “La retórica y el lenguaje que utilizan los medios israelíes es algo que no he visto nunca. Han hecho un trabajo increíble, extremadamente calculado, para asegurarse de que los israelíes piensen de una cierta manera“. Entre los documentales que han hablado sobre el conflicto israelí-palestino desde que se produjo el ataque del 7 de octubre y el posterior genocidio, Far from Maine puede no resultar tan emocional como Coexistence, my ass! (Amber Fares, 2025), pero al menos ofrece una mirada desde el interior de Israel que expone claramente el grado de manipulación a la que se ha sometido a una población que seguramente también ha tenido su responsabilidad en dejarse someter.


