Dear life
Dear life | Australia 2026 | Stan, 6x55’ ★★★★☆
Creada y escrita por Robyn Butler, Wayne Hope
Dirigida por Robyn Butler, Wayne Hope
El matrimonio formado por Robyn Butler y Wayne Hope, actores y creadores, se ha consolidado como uno de los más exitosos en Australia, con comedias de larga duración como The librarians (ABC, 2007-2010), que ellos mismos protagonizaron, y Upper Middle Bogan (ABC 2013-2016), aunque a nivel internacional no han trascendido demasiado. Tienen una especial capacidad para componer ese tipo de dramedias que se reflejan en la realidad, pero acercándose a las relaciones personales con una mirada irónica. Su último trabajo, ahora producido con su compañía para el canal Stan, tiene todas las características de sus historias, pero consigue dar un paso adelante para incorporar algunos elementos formales y narrativos que la distancian de las anteriores. Estrenada el día de Año Nuevo, Dear life (Stan, 2026) se acerca al camino de sanación de su protagonista, y se desarrolla a través de un drama que aborda la relación entre la vida y la muerte. En ¿Cómo puedes arreglar un corazón roto? (T1E1), la serie comienza durante una Nochevieja en la que Ash Dost (Khisraw Jones-Shukoor) pide matrimonio a Lillian Vandenberg (Brooke Satchwell), para dar un salto temporal hasta ocho meses después, cuando ella vive en un círculo de duelo sin poder recuperarse de la muerte de su prometido. Hay detalles sutiles que ofrecen algunas pistas sobre lo que ha sucedido, pero más adelante sabemos que en su muerte han estado involucrados un joven adicto, Jordan Bancroft (Luke J. Morgan) y su novia, la adolescente Brooke Sorrenti (Coco Jack Gillies), que se convierten en una parte de la historia. El tema central de Dear life son las conexiones, los círculos que rodean a los personajes, pero que también se convierten en espacios donde están atrapados. Porque Ash estaba registrado como donante de órganos, y Lillian comienza a sentir la necesidad de conocer a quienes han conseguido sobrevivir gracias a la donación de su novio. Durante el primer episodio, varios enfermeros con depósitos térmicos entran en diversos vehículos que se dirigen hacia lugares diferentes, y esa misma estructura de diversificación narrativa es la que adopta la serie, manteniendo en el lugar central el proceso de duelo de Lillian, que además debe enfrentarse a una deuda de 35.000 dólares por los gastos del funeral de Ash, una especie de venganza de la madre de éste, Janet (Linda Cropper), quien se sintió traicionada porque Lillian tomó la decisión de que su hijo fuera desconectado del soporte vital, para poder cumplir su deseo de donar los órganos. Esta necesidad de conexión surge cuando el receptor del corazón de Ash, un vinicultor del valle de Barossa llamado Andrew Schneider (Ben Lawson) envía una carta a Lillian, a través de la coordinadora de trasplantes, Susan Sinclair (Deborah Mailman). Ella recomienda que no se establezcan contactos personales entre los familiares de los donantes y los receptores de los órganos, pero para Lillian esta conexión es la única forma de aceptar que la absurda muerte de Ash ha tenido algún sentido. Sobre todo cuando es despedida de su trabajo como actriz en un poblado del Oeste que sirve como atracción turística: “Todo ha cambiado ahí fuera, pero aquí siempre es 1851. Me siento segura aquí. Como si las cosas hubieran vuelto a la normalidad por un instante“.
El tema central son las conexiones, los círculos que rodean a los personajes, pero que también se convierten en espacios donde permanecen atrapados. Y así consigue construir un buen drama aunque algunas tramas no se sientan tan cohesionadas.
A lo largo de la temporada, conocemos las historias personales de un hombre que es atropellado por una motocicleta y necesita un corazón nuevo, una madre con fibrosis quística que recibirá nuevos pulmones, y un adolescente músico que perdió la vista, que se somete a una operación de córneas que le permite recuperarla. Mientras Lillian también conoce estas historias porque recibe cartas o videos de los receptores, hay otras tramas que acompañan a la suya. Su mejor amiga, Mary Matsumoto (Eleanor Matsuura), está casada con su primo, Hamish (Ryan Johnson), y trabajaba junto a su prometido Ash, siendo testigo de su fatídica muerte. Esto la conduce a un estado de ansiedad provocado por un trastorno de estrés postraumático (TEPT), que literalmente le impide realizar su trabajo con normalidad, pero se lo oculta a Lillian porque siente que ella está pasando por un peor momento. Mientras la madre de Ash, Janet, ha convertido el proceso de duelo en un odio visceral hacia Lillian. Algunas tramas paralelas se sienten algo más desconectadas y poco interesantes, como el traslado del atacante Jordan a prisión y su intento de conseguir la libertad provisional. Pero Dear life logra construir un buen drama de personajes y de conexiones, aunque en algunos momentos las tramas no se sientan tan cohesionadas como deberían, quizás porque se establecen demasiados vínculos entre los personajes principales (Lillian+Hamish+Mary+Janet), que parecen excesivamente forzados. También hay algunos recursos narrativos que pueden entorpecer la fluidez de la historia: si en el primer episodio se introduce una estructura de tres líneas temporales que se desarrollan simultáneamente, reflejando el carácter fragmentario de la memoria, el episodio final Círculos (T1E6) comienza como si fuera otra serie, en distintas localizaciones de Europa, para contar la historia personal del joven trompetista Arlo (Andrew Sowry), pero se siente como un desvío impreciso que, si hubiera sido una constante en la estructura de la serie, podría haber resultado más coherente. Pero estos problemas no perturban demasiado la capacidad que tiene Dear life para hablar del dolor sin ser excesivamente dramática, introduciendo un tono humorístico que consigue evitar que la historia sea demasiado blanda o empalagosa. Y la actriz Brooke Satchwell ofrece una interpretación cargada de matices para un personaje muy complejo y contradictorio. La serie tiene además una relevancia dentro del contexto de Australia, que es uno de los países con menor índice de donaciones de órganos: solo el 36% de la población australiana está registrada como donante, según las estadísticas de DonateLife, organización con la que han trabajado los creadores de la serie durante su desarrollo.


