Butterfly
Festival de Róterdam - IFFR 2026
Butterfly, de Itonje Søimer Guttormsen
Noruega, UK, Alemania, Suecia 2026 | Big Screen Competition | ★★★☆☆
Una de las cineastas más peculiares de la pequeña pero relevante industria cinematográfica noruega es Itonje Søimer Guttormsen (1979, Noruega), quien debutó en el largometraje con aquella visión sobre la búsqueda de la libertad creativa y personal que fue la estupenda Gritt (2021), seleccionada en la Tiger Competition del Festival de Rotterdam, después de que previamente también hubiera concursado con su cortometraje Retrett (2016). Pero su segunda película, Butterfly (Itonje Søimer Guttormsen, 2026), que se estrena casi simultáneamente en los festivales de Gotemburgo y Rotterdam, llega con unas expectativas que parecen colisionar con el carácter más independiente de la directora, en parte por su propia consolidación profesional y en buena medida por estar protagonizada por la que es la actual gran estrella internacional del cine noruego, Renate Reinsve, ganadora del premio de interpretación en Cannes por La peor persona del mundo (Joachim Trier, 2021) y este mismo año nominada al Oscar y al BAFTA por Valor sentimental (Joachim Trier, 2025). De manera que encontrarla en una película tan mística y esotérica como ésta, en medio de los paisajes canarios que evocan la búsqueda de una mirada filosófica sobre la trascendencia humana, puede resultar un impacto sorprendente, pero al mismo tiempo fascinante. Butterfly tiene en su título la clave de su contenido, la idea de una metamorfosis como la que se produce en las mariposas a lo largo de sus cuatro etapas, desde el huevo hasta la mariposa adulta, pasando por las formas de oruga y de crisálida. La historia se centra en dos hermanastras, Diana (Helene Bjørneby) y Lily (Renate Reinsve), quienes crecieron en un resort para turistas en Gran Canaria, viviendo en un ambiente de libertad mientras su madre Vera (Lillian Müller) trabajaba como camarera, pero que en su edad adulta decidieron marcharse y llevar caminos separados. Mientras Diana trabaja en una guardería de un pequeño pueblo de Noruega, Lily ha tenido una carrera como modelo pero ahora trabaja en el ambiente artístico independiente de Hamburgo.
Tras la repentina muerte de Vera, ambas vuelven a reunirse en Gran Canaria para poner en orden la herencia de su madre, pero se encuentran con algunas dudas sobre su fallecimiento, especialmente en torno a la relación que estaba manteniendo Vera con Chato (Numan Acar), una especie de gurú que ha desaparecido coincidiendo con la muerte de Vera. El encuentro entre las dos hermanas que siempre han sido muy diferentes se convierte en una colisión de caracteres y de objetivos: Lily quiere vender rápidamente las propiedades de su madre, mientras que Vera trata de entender las circunstancias de su muerte. La película traza un viaje emocional paralelo al de sus protagonistas, comenzando desde una planificación más estática de los ambientes turísticos rodeados por instalaciones artificiales como el resort en el que trabajaba Vera, hasta una mayor fluidez y libertad conforme se adentra en las montañas, de atmósfera mucho más espiritual y etérea. Lo que también supone un regreso a las raíces, a los orígenes poblacionales de la isla de Gran Canaria, con la llegada de los bereberes que colonizaron el territorio y que posteriormente fueron colonizados por los españoles, pero de los que hay vestigios en las cuevas que han permanecido a lo largo de los siglos, especialmente en los alrededores de Moya.
Cuenta un viaje de transformación que tiene en su título la principal referencia, pero el juego de contrastes permanente puede ser frustrante entre las tonalidades de un misticismo envuelto en danza y canciones y la mirada incrédula de las hermanas.
Parte del trayecto que llevan a cabo las dos hermanas se desarrolla en la localidad de Arguineguín, conocida por ser una especie de paraíso noruego en el que los turistas y buena parte de sus habitantes se sienten como en casa, como una especie de colonización pacífica que la ha convertido en un territorio donde conviven en armonía el idioma escandinavo con el español y el inglés. Hay diferentes tipos de colonización que conviven en una historia sobre el descubrimiento personal de dos hermanas que miran con asombro un video promocional en el que su madre presenta su nueva filosofía de vida, alejada del alcoholismo y abrazando la espiritualidad, que no puede evitar provocar una risa incómoda en Lily. Cuando debe recoger la firma de todos los copropietarios de un lugar de retiro que estaba preparando su madre para poder vender la propiedad, es cuando Lily comienza a entender la auténtica esencia de la nueva vida de su madre. Pero este viaje emocional del personaje no termina de trascender más allá de la puesta en escena, marcada por una estética colorista y extravagante para describir una especie de equilibrio armónico.
En el proceso de escritura, el trabajo de Itonje Søimer Guttormsen está más relacionado con las sensaciones que con las palabras, especialmente con actores no profesionales como José (José Vizcaíno Alonso), que ha creado una especie de santuario para su familia que acoge a personas de todos los orígenes, en una convivencia peculiar con los caros y lujosos Airbnb que ocupan la isla. Este juego de contrastes es permanente a lo largo de una película que puede ser frustrante entre las tonalidades de un misticismo envuelto en danza y canciones y la mirada incrédula de las hermanas. Pero hay una mayor capacidad de atracción en las sonoridades etéreas de las voces femeninas que componen una banda sonora en la que prevalece la influencia del álbum Book of days (1990, ECM Records) de la cantante Meredith Monk (1942, Nueva York) y de Parallelograms (1970, Geffen Records) de Linda Perhacs que han inspirado al compositor Erik Ljunggren, ex-miembro del grupo A-ha. La directora también se permite algún guiño autorreferencial al introducir dentro de los personajes que encuentran las protagonistas en la isla a Gritt (Birgitte Larsen), la protagonista de su primera película, que ha ido a visitar a su madre. Cuenta Itonje Søimer que se trata de un personaje al que quiere regresar de vez en cuando como parte de otras historias, ahora encajado en el ambiente libre y espiritual de Butterfly, un viaje de transformación que no llega a convertirse en mariposa.


