A fading man
Festival de Róterdam - IFFR 2026
Der verlorene mann, de Welf Reinhart
Alemania 2026 | Tiger Competition | ★★★★☆
La exploración de una enfermedad que difumina los recuerdos como el alzheimer se presenta en esta hermosa historia con una mirada más positiva y optimista de lo que suele ser habitual, pero sin dejar a un lado sus efectos devastadores en un desarrollo que se vuelve cada vez más melancólico. El joven director Welf Reinhart (1995, Alemania) se ha acercado a la realidad de una tercera edad constantemente amenazada en cortometrajes como Eigenheim (Rooms) (2021), en el que una pareja de ancianos se enfrentaba a la noticia del final del contrato de alquiler de su apartamento, que tiene intención de habitar la nueva dueña, una madre soltera. Ahora regresa a una historia que tiene como protagonista a otra pareja formada por la artista Hanne (Dagmar Manzel) y su marido Bernd (August Zirner), un pastor jubilado, cuya tranquilidad se ve trastocada por la irrupción del ex-marido de ella, Kurt (Harald Krassnitzer), que tiene los primeros síntomas de alzheimer y piensa que sigue casado con Hanne. Como la hija de Kurt se encuentra fuera de Alemania, le pide que se ocupe de llevarle en coche a su residencia, pero distintos problemas burocráticos acaban forzándola a aceptar una convivencia momentánea con el hombre del que se separó, que ahora parece estar viviendo todavía en la juventud del 68 que ambos compartieron.
Hay una actitud comprensiva por parte de Bernd que también contribuye a que la pareja acabe aceptando esta extraña situación, que al mismo tiempo se convierte en una liberación, un regreso a los mejores años de vida de Hanne, que tuvo una buena razón para separarse de Kurt, pero que ahora le acepta desde esa actitud de rejuvenecimiento mental que le provoca el alzheimer. Así que la pareja se convierte en trío, una relación que recuerda a las relaciones triangulares de algunas películas de la Nouvelle Vague, a la que hay referencias explícitas, como la alegre visita a la Pinacoteca Antigua de Múnich, que parece una recreación del recorrido por el Louvre que realizan los tres protagonistas del clásico Banda aparte (Jean-Luc Godard, 1964), o la banda sonora de Pablo Jókay, que es un homenaje singular a la música de Georges Delerue para películas como Jules y Jim (François Truffaut, 1962). Hay durante algunos momentos de esta relación un aliento de juventud devuelto en forma de convivencia otoñal, que desemboca en una de las escenas más relevantes de la película, cuando los tres bailan de forma sensorial mientras suena el clásico tema “Der traum ist aus” (El sueño terminó), que hizo popular el grupo Ton Steine Scherben, una de las bandas de rock alemanas más influyentes del panorama musical que surgió de la lucha de clases y de los ideales de 1968. Pero también parece una premonición de lo que vendrá después, del deterioro progresivo de la enfermedad de Kurt y de la inevitable necesidad de encontrar una mejor atención para él.
Con referencias a la Nouvelle Vague y el espíritu de los ideales del 68, esta hermosa historia de amor otoñal y triangular utiliza la enfermedad, no desde sus efectos cognitivos, sino como un impulso que libera a los personajes en una especie de regreso a la vitalidad juvenil.
Sin embargo, lo más interesante de A fading man (Welf Reinhart, 2026) es que la enfermedad no está descrita desde la perspectiva del tratamiento o sus efectos cognitivos, sino que se trata de un impulso para que Kurt y, sobre todo, la pareja formada por Bernd y Hanne, consigan regresar a un estado de ánimo que les libera de la habitual tranquilidad de la vejez, una forma de devolverles un espíritu joven y atrevido, incluso tomando decisiones drásticas que hasta ese momento no se habían atrevido a tomar para evitar afrontar riesgos. También permite a Hanne dejar a un lado la razón principal por la que se separó de Kurt, perdonar y reconciliarse con un ex-marido que ahora ha vuelto como si volviera a ser el joven rebelde del 68 con el que se casó, incluso con la sensación de que ella es capaz de amar y convivir con dos hombres. De manera que la película afronta la enfermedad desde una posición optimista que combina con una especial delicadeza en la mezcla del drama y la comedia, construyendo una historia otoñal, que no tiene miedo de revelar una relación románticamente utópica y reflejarse en el cine francés de los años sesenta como una referencia constante sobre conexiones idealizadas. Es absorbente comprobar cómo, a pesar de los vaivenes de una enfermedad cruel, que va difuminando los recuerdos, el trío protagonista consigue encontrar el equilibrio emocional para compartir momentos de su vida y recuperar ideales pasados. Lo que no significa que la película no aborde algunos de los problemas que surgen del alzheimer, especialmente cuando la memoria se deteriora sin remisión y el sueño de una vida ideal también se acaba, en una última parte melancólica y ligeramente triste, en el que la realidad se vuelve inevitable. Pero, aún así, está cargada de una sensibilidad emocionante, sobre todo respecto a la forma en que el personaje de Hanne enfrenta sus propias decisiones, aunque eso pueda tener consecuencias inesperadas.


